Nueva Constitución en Chile

¿No te extraña que tras todos estos carteles siempre hay dirigentes políticos insistiendo en que esta es la solución?

¿Qué resolvería una Nueva Constitución?

Hoy en todas las manifestaciones a lo largo de Chile se repite la consigna «Queremos una Nueva Constitución«. Algunos medios no tan amigos nuestros insisten en que esto es lo que viene pidiendo la gente desde el inicio del estallido social, aunque entre nos, sabemos que lo que pedía la gente, lo que apoyó el 1.2 millones de personas en la actual plaza de la indignidad, era un poco más de plata para los medicamentos y el pan de los más viejitos, una mejor salud, una educación que permita que la gente argumente con bases sólidas en lugar de los habituales descalificadores y fabricantes de ingeniosos insultos, frenar la inquietante práctica de los políticos y funcionarios fiscales que piden el autito del año para dar la pasada a nuevos proveedores en Codelco, ENAP y otros similares, y también por supuesto los otros que siendo privados son igual de astutos y se coluden hasta con el metraje del papel higiénico.

Queremos Nueva Constitución, grita la calle. Y es curioso pero la mayoría de quienes claman por esta carta fundamental salvadora no tiene idea qué dice la actual. Tampoco saben cómo una nueva constitución salvaría al país de todos los males por los que luchan, pero no les importa. El argumento más utilizado es que «fue escrita en dictadura». Si usamos ese argumento ¿Qué tan válida podría ser entonces una Constitución escrita bajo la presión de una guillotina a punto de caer sobre la cabeza de todos quienes argumentan que no es necesario escribir una nueva para conseguir los cambios esperados? Porque para qué vamos a estar con cosas: Una Constitución escrita sólo para calmar a las hordas de orcos que andan en la calle destruyendo hasta los nidos de los loros argentinos, no puede ser considerada muy democrática ¿no?

¿La Constitución provoca el descontento social?

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Definitivamente no. Han pasado más de dos meses desde aquel 18 de Octubre. Lo que parecía un descontento general por situaciones injustas llevó a a cientos de miles de personas a la calle, a marchar y a tocas cacerolas. También, mientras se disfrutaba un plato de porotos con riendas en la mesa familiar, se comenzó a tocar el tema con mayor profundidad. Pero algo pasó. Comenzaron a aparecer miles de violentistas dispuestos a cualquier cosa con tal de instalar una nueva, y más importante, demanda social: la nueva Constitución.

La Fundación Para el Progreso al respecto escribe «La mayor evidencia de esta afirmación está en el hecho de que nuestro actual texto constitucional garantiza los derechos «a vivir en un medio ambiente libre de contaminación» (artículo 19 n° 8), «a la protección de la salud» (artículo 19 n° 9) y «a la educación» (artículo 19 n° 10) sin que por ello se consideren resueltos los actuales problemas de educación, salud y medio ambiente. En vistas de lo anterior, agregar nuevos derechos a la Constitución no parece ser la solución idónea para satisfacer el resto de las demandas sociales.» Estos chicos se las traen, pero aunque quisiéramos rebatirlos no podemos porque tienen razón.

No es la Constitución la que provoca el descontento. Ni se acerca a tener algo que ver con las demandas sociales, que en realidad todas pueden ser resueltas modificando las leyes existentes y, esta tarea es del Congreso. Sin embargo los pilluelos que ocupan los escaños en esas honorables cúpulas del olimpo político chileno, no se han esmerado precisamente en ese sentido. Les conviene más culpar a Jaime Guzmán y Pinochet e instalar un plebiscito mañosamente manipulado para hacer creer a la gente que ahí está la madre del cordero.

En resumen, los políticos de nuestra aristocrática izquierda plantaron en el camino la principal «demanda social» que nadie pedía: Nueva Constitución.

¿Qué resolvería una Nueva Constitución?

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Los mismos políticos que no han trabajado para resolver las demandas sociales, están muy interesados en una Asamblea Constituyente ¿No te parece extraño?

Nada. literalmente. Aunque si lo vemos desde el prisma de los políticos, les permitiría mantener el hilo de sus marionetas (representantes) y seguirían gozando de las regalías que ya tienen y otras que probablemente obtendrán gracias a los acuerdos a los que llegue la esperada Asamblea Constituyente. Un ente para manejar el país por sobre todos los demás poderes del Estado, incluso del propio Congreso y del Presidente de turno. A propósito de presidentes bajo el amparo de Asambleas Constituyentes, es precisamente en los países que usan este sistema (Venezuela por ejemplo aunque a muchos les causa urticaria que se mencione) que los presidentes de izquierda se eternizan en el poder mediante continuas modificaciones a las leyes y a la Constitución.

Entonces, una nueva Constitución SÍ resuelve algo: Los políticos serán más poderosos y más ricos que hoy, y además se apernarán por tiempo indefinido en sus cargos. Por este motivo es que ellos son los más interesados en que se escriba una Nueva Constitución y en lo posible bajo una Asamblea Constituyente.

¿Aún crees que necesitas una nueva Constitución? Puede que haya que cambiar un par de artículos, adherimos a eso. Pero a los únicos que les conviene una nueva Carta Magna es a los mismos políticos que hoy no están haciendo su pega, porque ellos son los responsables de los precios del TAG, los márgenes usureros de las farmacias, la educación de pésima calidad, un sistema de pensiones que sólo garantiza las bolsitas del te para la tercera edad, un sistema de salud en el que los enfermos mueren esperando atención, corrupción galopante en el Gobierno, los Ministerios y oficinas fiscales y en el propio Congreso, y así un largo etcétera. Ellos son quienes legislan y son quienes tienen que auditar y denunciar cuando las leyes que de ahí emanan, no se cumplen. El problema mayor es que las leyes que sofocan actualmente a los «consumidores» chilenos fueron redactadas por ellos mismos, incluso las modificaciones a la actual Constitución que ha sido modificada prácticamente por completo en los últimos 30 años de democracia.

Quizás la verdadera demanda que debemos levantar como ciudadanos es RECAMBIO DE POLÍTICOS, ahora y por completo.

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