Saqueos y violencia han sido la tónica de cada manifestación

Chile, La Nueva Revolución Silenciosa

Hoy han transcurrido 4 semanas desde que se iniciara en Chile un fuerte grito de la ciudadanía contra el sistema imperante avalado por políticos, 30 años consecutivos de Gobiernos en democracia y mucho tiempo en que la justicia no ha hecho bien su papel.

Todos los factores que han hecho reventar la olla a presión social son absolutamente válidos:

  • Pensiones dignas para nuestros ancianos
  • Trato digno en reparticiones públicas (incluyendo Salud y Educación)
  • Una mirada ciudadana del espectro político
  • Sueldos que no se incrementan al ritmo del alarmante alza de los servicios básicos
  • Contratos con concesionarias (Agua, Electricidad, TAG) que fueron elaborados sin pensar en el bienestar de la gente sino sólo en beneficio de esos agentes
  • Un Estado gigantesco que continúa creciendo sin control (30% del PIB al 2017)
  • Congreso completamente desconectado de la realidad de los chilenos
  • Ambas cámaras en el Congreso con exceso de beneficios de todo tipo y abultadas dietas además de una cantidad de congresistas absolutamente desproporcionada a la realidad del país
  • Etc.

Todas estas variables afectan directamente al chileno común, o el «patipelao» como se ha hecho llamar a sí mismos luego de lamentables intervenciones de políticos que definitivamente no han sabido entender cómo vive el chileno común, cómo hace para llegar a fin de mes.

La paciencia de la gente se acabó a partir del 18 de Octubre de 2019. El hecho del alza en los pasajes del Metro de Santiago no es el motivo de fondo como creyó al principio el Presidente de la República Sebastián Piñera. Va mucho más allá. El malestar ciudadano es profundo, doloroso y transversal.

Nuestra sociedad se basa en el libre mercado, y este sistema si bien ha demostrado ser exitoso en todo el mundo, debe someterse a cierto marco de reglas que impidan que se abuse de dichas libertades. Esas reglas al mismo tiempo deben ser vigiladas constantemente por los entes gubernamentales y por los Congresistas que son finalmente quienes han sido colocados en sus sitiales de privilegio justamente para ello. Pero no ha sucedido así y han permitido una escalada gradual de situaciones que año tras año han ido deteriorando la calidad de vida de los ciudadanos en diferentes aspectos.

La salud, la educación, «llegar a fin de mes» y las pensiones son las principales demandas y, aunque en un principio la gente creyó que estaban siendo escuchados debido a la enorme presión social empujada además por un estallido inédito de violencia y destrucción. Los políticos comenzaron a hablar de cómo lograr esas metas.

Pero pasaron ya cuatro semanas completas en que la paz y la tranquilidad de las personas se han visto seriamente afectadas debido a grupos anarquistas violentos que se han hecho parte inseparable de todas las manifestaciones a lo largo del país, y no hay ningún indicio de que las demandas exigidas al inicio del movimiento estén siquiera siendo analizadas o discutidas ni en la cámara ni en el propio Gobierno. Hoy la discusión se ha centrado en una nueva Constitución y una probable Asamblea Constituyente.

Quienes hemos vivido lo suficiente para haber observado lo que pasó en los años previos al 73, luego todo el periodo del Gobierno Militar y ahora los 30 años de democracia, pudimos ver desde el mismo 18 de Octubre cuál era la finalidad del riesgoso juego de ajedrez que comenzaron a jugar nuestros políticos usando a los estudiantes en primera instancia como peones y luego a las masas, principalmente los sub 35 que no vivieron ni conocieron el país antes del actual periodo democrático. Y no era difícil anticipar lo que se vendría, desde el Gobierno de Bachelet se escuchaban las piedras arrastradas por el río llamando a una Asamblea Constituyente.

Es difícil explicar cómo sucedió que del extenso listado de demandas ciudadanas, ahora la gran mayoría de los manifestantes en las calles se centre en la Nueva Constitución y Asamblea Constituyente como herramienta salvadora que solucionará todos los problemas de los chilenos. Más aun cuando dialogando con ellos es disparatadamente evidente que no tienen conocimientos de qué es una Constitución ni cómo actúa como base para las leyes, ni tampoco entienden que cada una de las demandas se puede (y debe) comenzar a resolver de inmediato por parte del Congreso revisando las leyes actuales (decreto 3500 por ejemplo relacionado con las AFP) y elaborando nuevas leyes que limiten la posibilidad de abusos y sobre todo de corrupción y colusión que existen desde los diferentes entes estatales y privados en desmedro del chileno común.

Esta revolución evidentemente no es silenciosa, pero no ha sido capaz aun de entender que ha sido disparada y manipulada por ciertos sectores de la izquierda más dura de nuestro Congreso para llegar a su único objetivo real: la AC. Esta herramienta le permite a un reducido grupo históricamente generador de caos en las democracias del mundo, llegar al poder mediante el usufructuado populismo que están ejerciendo sobre las masas. Hoy 20 de Noviembre por ejemplo, están empeñados en bajar la edad de votación para conseguir que menores de edad vayan a votar al plebiscito que definirá el futuro de nuestra Constitución. Se trata de una perversa estrategia para obtener votos provenientes de aquellos que creen que todo debe ser gratis, que los ricos son los enemigos, que los empresarios no deben existir y que cualquiera que disienta es «facho» o «no entiende nada». Logrando ese objetivo no solamente es probable que puedan aprobar la Nueva Constitución sino también que esta sea elaborada 100% por representantes ciudadanos, lo que en palabras simples se denomina Asamblea Constituyente. Estas asambleas se componen de personas elegidas por votación y tienen más poder que el Gobierno, el propio Congreso y cualquier institución, pudiendo dictar también leyes, cambiar la Constitución cada vez que les convenga políticamente, etc.

¿Revolución silenciosa? Obviamente ya no lo es. Es una revolución violenta que no respeta propiedad pública ni privada, tampoco el derecho de los demás a desplazarse y vivir libremente. Menos la opinión de cualquiera que disienta de sus principios ni su derecho a expresión. El Partido Comunista y el Frente Amplio son sus propulsores e insisten diariamente en la necesidad de imponer esta AC para «resolver» todos los problemas de la ciudadanía. Un cambio que puede tardar entre 2 y 4 años y que aniquilará la democracia estableciendo un sistema muy fácil de manipular mediante el populismo. Ya hemos visto los resultados de esta fórmula en nuestra vecina Venezuela.

Por el bien de nuestro país, de nosotros y de las futuras generaciones, es de esperar que reine la cordura y la gente se de cuenta cómo están siendo utilizados para un objetivo que dista mucho de la solución a los actuales problemas que vivimos en el país.

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